sentí el grito de la carne y lloré
y luego me callé
porque así me dijeron recién nacido.
No fue el asfixia en tu vientre
aquel fórceps era el de un país entero
de fuerza bruta que había que sacar
de cráneos esparcidos
cortados por corvos que movían
el viento hacia el norte
mientras que todos estábamos boca abajo.
Madre, a tus ojos de leche
por los que no han nacido
hoy puedo caminar
y no es el dolor de mis piernas
quien eligió este andar
entre matorrales de indiferencias
donde nacen las zarzamoras que pinchan injusticias
y no es por estos mares de memoria
de un país con sus fondos y remolinos
que tus ojos de prójimos
hundidos por tu amor a grito en una cruz
rebalsa de huella el baúl
de mi niñez y sus estigmas sobre la piel
marcadas por los azotes .
Fue tu llamarada al momento de nacer
Donde me azoló tus ojos de prójimo
donde nunca me arrodille ni demoré en desatar
la esperanza que has luchado como tierra
para que yo pueda caminar
y de ser tanto tu raíz
recoger piedras por aquellos que no están.

No hay comentarios:
Publicar un comentario